20.4.10

Diciembre 2007, Zapatero a tus zapatos


Algunas veces me gustaría desdoblarme y meterme en los cuerpos de las demás personas con los pensamientos que tengo para entender por qué son como son. Otras veces me apetece que se metan en mi persona para hacer entender por qué soy como soy. Por eso, quizá, me guste fotografiar personas. Por eso quizá me interesen las miradas, por que siento que esas miradas son mías, y las mías las hago suyas.

Una noche, en las fiestas de mi barrio salí sola. Durante toda la noche estuve con diferentes grupos, buscando algo, y conformandome sin nada. Esa noche, antes de ir a casa, alguien dijo a mi paso: - Guapa! y me giré, normalmente no hago caso a esos comentarios, pero esa noche me giré. Me encontré con un ser que siempre me había atraido, aunque no lo conocía, sabía quien era, su ambigüedad, su masculinidad femenina, lo oscuro en sus ropas, esa falda eterna y plataformas, acompañado por un bastón que servía de compañera de andanzas.

- Guapa, tú!

Y nos empezamos a reir.

Se trataba de alguien que no conocía pero entendía su sentido del humor, quizá por la manera en que se reía, me miraba, y lo que le atrajo de mí. Sabía que le preguntaría por qué.

Hablamos. Él confecciona sus prendas, aprovecha todo cuanto encuentra en ese rehacer bizarro de su propia identidad. Unos días es "Mas que perra" y otros, símplemente Roberto Zapatero, Zapa.
Nos hicimos amigas, amigos, no se, compañeras de juerga de última hora: -Acompáñame a comer un gofre con pocholate! jajajaja, yo no podía más. Y allí estaba, siguiendo sus comentarios, escuchando a tono de voz sin timbre ya, cada explicación de "por qué".

Inevitablemente, de un modo casi obsesivo, le pedía que se dejará fotografiar. Y sí, quedamos al día siguiente, allí mismo, en la plazoleta al lado de la iglesia de San Miguel.
Pero no vino, o llegó tan tarde que yo me había cansado ya. Mi madre me decía, hija, ten cuidado, pero sabía que no pasaría nada y que quizá ni siquiera aparecería ¿Era una ilusión más? No importaba, lo seguiría intentando.

Pasaron cuatro meses. Durante ese tiempo nos volvimos a encontrar por la calle varias veces.
Insistí cada vez. Y él, me decía que sí, que quería, y quedábamos pero, tuve que esperar sin respuesta otras dos veces. La última vez me tuvo hora y media sentada en las escaleras de la Iglesia de la Merced. Pero, podía aparecer, tarde...



Y no se cómo un día me llamó, y me aseguró que iría. Que aparecería vestido de Mas que perra. Charlamos del modo en que haríamos las fotos y conseguí que acabaramos en su casa, me interesan más los procesos que los acabados. Por eso me gustan las series, supongo, aunque en las series hay acabados con los que una foto es sufieciente.

En su casa me sentí como en la casa de alguna compañera de instituto, rodeadas de alcohol y comentarios de, me duelen las tetas, y pásame los cheetos, tía.

¿Quieres un colacao? Tengo unas pastas que nos traen del pueblo de mi padre, cojonudas. Y él, en albornoz, con el pelo rosa, rapado y con rastas tecnicolor. Ver un neo punk en albornoz, es algo realmente extraño.

¿Cuanto hay de él en mí? ¿Cuanto hay de mí en él?
Entonces me pregunto de dónde procede este interés cuasi obsesivo por intentar extraer, la esencia de eso que tienen las otras personas y que me atrae hasta ... no se, hasta dónde.

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